Mamá, confía en tu sexto sentido. 

Mamá, confía en tu sexto sentidoEn estos 15 años que he ejercido la enorme dicha y responsabilidad de ser madre han sido varias las ocasiones en que ese sexto sentido o instinto me ha ayudado.   Por instinto me refiero a hacer caso a todo aquello que te indica que deberías hacer o no algo con tus hijos, es ese sexto sentido que te indica que algo está bien o  que no, que deberías hacer las cosas diferentes. 
La ocasión donde ese instinto me ha ayudado más fue precisamente en mi segundo embarazo.  Mi marido y yo recibimos la noticia después de muchos años de intentarlo y de varios tratamientos y procedimientos de fertilidad.  Salió un positivo que no creí hasta que vi a mi bebé en el ultrasonido.  Poco después me pusieron en reposo por un coágulo y desde ahí mi embarazo se volvió de “alto riesgo”.  Tenía miedo porque era un bebé muy deseado y esperado. Mi médico de alguna manera veía mi preocupación y me hacía estudios, consultas, ultrasonidos y demás cada 15 días.  Yo me sentía bien.  Algo en mí me decía que eso que hacía el doctor no era normal.  Llegaba a su consultorio, me daba muchas malas noticias , me tomaba la presión arterial y decía “mira, está bien”. El colmo fue cuando al séptimo mes de embarazo me presento a la consulta, en los estudios salió que yo tenía lodo vesicular y quería operarme la vesícula.  ¿Qué tenía que ver mi embarazo con eso?  Aparte mi problema en ese entonces era asintomático.   No sé por qué razón él salió del consultorio, miré en la pantalla mi historia clínica y me tenía dada de alta como mamá con preclampsia.  Fue la última consulta que asistí con él.  Estaba preparando camino para justificar de nuevo una cesárea que yo no quería. Debí tal vez hecho caso a esa voz antes, lo cierto es que no cambio nada, porque gracias a que nos vimos presionados y debía encontrar un médico que dejara la cesárea como última opción, fue que tuvimos un parto en agua fabuloso.   

Algo que debo añadir es que desde el tercer mes de embarazo nos dijeron que era niña, yo no me convencí de eso, una vez más nos dijeron que era niña y ese sexto sentido me decía que no.  Llegando casi al octavo mes de embarazo y después del baby shower vimos que se trataba de un varón.  Ese instinto me hizo pedir que me regalaron cosas neutras en el baby shower. 

Ahora bien.  Ese bebé tan deseado que ahora es mi hijo sándwich es el que siempre me ha puesto a estudiar y trabajar más.  Primero lloraba mucho, no dormía más de hora y media completa.  Era obvio que ese embarazo estresante había causado estragos en él.  Busqué métodos alternativos, me convertí en mamá canguro y fuimos los más felices usando el baby wearing . Leí muchísimos libros de crianza de Rosa Jové, de Carlos González   y adoptamos una crianza respetuosa y con apego.   Empezamos a colechar y tuvimos una lactancia exitosa de 24 meses.   Nos hicimos fans de los pañales de tela y todo iba bien.  Aún así, sabiendo que todos los hijos son diferentes y más entre diversos géneros, yo percibía algo que no entraba dentro de lo “normal” en mi niño.  

No les haré el cuento muy largo pero mi niño tiene un leve TDAH y tendencia a dislexia.  Eran algunas de las señales que recibía.  Está ahora siendo asistido terapéuticamente y fue esa voz  y los buenos consejos de amigas especialista en niños la que me llevó a que le practicaran estudios para ver exactamente a qué nos enfrentábamos.  Ahora lo sabemos y me siento feliz de poder brindarle herramientas para que no se le dificulten tantas cosas en su vida.

Cuando me enteré que estaba embarazada de mi tercer bebé de inmediato supe que era una niña, de hecho la soñé.  Ahí no tuve duda alguna de mi sexto sentido y desde el tercer mes de embarazo y sin comprobar el sexo del bebé yo ya compraba ropita de niña.  En el quinto mes lo comprobamos pero yo ya lo sabia, de alguna manera. 

Con mi primogénita alguna vez ocurrió que se cayó de la silla.  Tenía cerca de 6 años  y regularmente cuando se lastimaba lloraba mucho, esa vez vi que no lloró y que se concentraba para no sentir el dolor y de inmediato inmovilicé su codo y corrí a urgencias.  En efecto se fracturó el codo.  

Tenía varias opciones para ir a un hospital y algo me dijo que fuera a uno cercano pero no tan de renombre.  Le tomaron la placa, le pusieron el yeso y se recuperó.  No recuerdo por qué le tuvieron que quitar el yeso en el hospital de renombre, el doctor era jefe de ortopedia, me pidió prestadas las placas de mi niña para mostrar a los alumnos y ahí dijo que si ese caso hubiera llegado a él, hubiera recomendado clavo y cirugía pero que el codo soldó bien y no se necesitaba por suerte.   Mi instinto nos salvó de una cirugía.  Algunos podrán decir que fue Dios o inspiración divina.  No deseo entrar en controversias, cada uno cree en lo que desea creer, lo importante es escuchar cuando ese algo te habla.  

Agradezco la familia que tengo gracias a mis recursos, habilidades  y también a ese instinto. 

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Todas estas experiencias que te relato van en el sentido que, uses esa inteligencia, ya sea al tomar decisiones importantes o cotidianas.  Confía,  recuerda siempre que lo estás haciendo bien o lo mejor que tú puedes hacerlo, no te critiques tanto, no dudes si lo sientes con el corazón.  

¿Tienes algún relato donde tu sexto sentido de mamá te haya ayudado?  Me encantaría que me lo compartieras. 

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