Mi Parto Vaginal Después de una Cesárea (PVDC) (Repost)

Muchas amistades y familiares me han seguido, me han acompañado y han conocido todo el camino que tuvimos como familia qué pasar para que Leonardo llegara a este mundo en un parto respetado y deseado.

Para aquellos que no conocen bien la historia y con fines de aprovechar estas líneas para escribir mi carta de parto a Gaby (mi doula, matrona o partera) les cuento la historia de cómo vino Leonardo a este mundo en forma reducida (compréndanme, lo más reducida que yo puedo).

Todo comenzó en el 2005, buscando concebir a nuestro segundo hijo. Estuve en tratamiento para poder tener un bebé, pasamos por muchas pruebas e intentos de embarazo fallidos. Tratamientos, medicamentos, terapias alternativas. Finalmente, en 2008 diagnosticaron a mi marido con varicocele y él decidió operarse. Fue nuestra última esperanza de tener un bebé. A principios del 2009 le hicieron a él otros estudios y esa última esperanza de ser padres de nuevo era casi nula. La única opción que nos dejaban era la reproducción asistida. El hubby y yo ya no tuvimos ganas de pasar por ahí.

A mediados de abril del 2009 tuve un retraso, me hice la prueba y para mi incredulidad dio un dudoso positivo de embarazo. No pude creer que estaba embarazada hasta que vi en un ultrasonido el saco gestacional. Desde ahí empezamos por un embarazo lleno de cuidados excesivos, sustos y baches. A las 8 semanas de embarazo tuve un fuerte cólico acompañado de una secreción café que resultó ser un pequeño desprendimiento de placenta, aunado al hecho que el médico no escuchaba el ritmo cardiaco del bebé. El doctor ya me estaba anticipando un legrado en caso de no encontrarlo. Fui a urgencias y encontraron a mi bebé bien y con un fuerte latido, se me llenaron los ojos de lágrimas.

A partir de ese hecho, mi embarazo estuvo lleno de estudios, reposo, cuidados excesivos. Gracias a una actitud positiva, las amistades, familiares y demás no caí en una actitud de alarma, pensaba que si este embarazo se había logrado era gracias a Dios y que él me iba a acompañar en todo el proceso. Estuve en lo cierto.

El médico que me había estado viendo era un doctor pro-cesárea. A pesar que yo ya había tenido una cesárea previa con mi primogénita, yo no quería pasar por lo mismo, a no ser que fuera absolutamente necesario. Desde un principio le indiqué que si él no me iba a dar la opción de un parto, yo iba a ir a ver otra opinión. Siempre me daba noticias e indicaciones de alarma, después se sorprendía que mi presión arterial estuviera normal. Aún así, él en expediente ya estaba justificando una cesárea, pues me tenía como paciente con riesgo de preeclampsia. Dejé de ir con ese doctor en el sexto mes de embarazo, pues en un estudio apareció que tengo litiasis vesicular y la recomendación del médico fue operarme en ese momento. Obviamente dije que no, pues ni síntomas ni malestar tenía.

Posteriormente, fui a dar con un médico que me habían recomendado. La verdad me dio confianza, me dijo que iba a respetar mi deseo de parto, que me iba a hacer un ultrasonido y pelvimetría para ver si yo era candidata a un parto vaginal, etc. La confianza terminó cuando en un ultrasonido apareció que mi bebé traía una circular de cordón. El médico dijo que si el bebé no la resolvía, iba a terminar en cesárea. Una amiga que es enfermera en un hospital público, me comentó que la circular de cordón es un caso común en los partos, que no era para cesárea.

Participé en muchos foros y grupos de embarazos y en especial uno para partos después de cesárea. También, Gaby Zebadúa (para ese entonces no era mi doula) opinó lo mismo y en una consulta en un foro, le comenté mi situación y me comentó que ese médico también me iba a hacer una cesárea, pues la única forma de saber si un bebé pasa por el canal de parto, es el parto mismo. Ese estudio no era concluyente. Con esa indicación y con el comentario de otra amiga, que una de sus conocidas apenas había tenido un parto en agua, decidimos ver la opinión de otro doctor. El nombre de mi partera es polémico pero no es lo que atañe a este post. Yo sólo puedo decir que las dos veces que me atendió me fue muy bien.

Por un momento me sentí devastada. Con muchas amigas y conocidas me di cuenta que los ginecólogos en la práctica privada tienden a realizar indiscriminadamente cesáreas. También sentí que no iba a encontrar un médico de mi confianza para lograr un parto. Gaby y en en un par de foros que participaba me referenciaron al Dr. Christian Mera y al equipo de Mi parto en Agua. Cuando llegué con él sentí mucho alivio, expresado en llanto incluso. Así que con la indicación de Gaby y una vez que el doctor me dio luz verde para intentar un parto en agua, exploramos y decidimos esa opción.

El doctor Mera no vio ningún impedimento para lograr un parto, ni siquiera con mis antecedentes: sobrepeso, cesárea previa, circular de cordón, diabetes gestacional recién diagnosticada, supuesta preeclampsia ni mi anemia. Ninguna de estas condiciones me impediría tener un parto, ahora con el plus, que mi parto sería en agua. Mi diabetes gestacional y anemia fueron controladas con una estricta dieta, incluso antes de llegar con el Dr. Mera, afortunadamente no hubo necesidad de usar insulina. Lo único que utilicé como ayuda fue la homeopatía.

Desde ahí me sentí más tranquila,a pesar de haber tenido de nueva cuenta un reposo relativo en la semana 34 de embarazo, por un evento de contracciones frecuentes. Inicié el curso de preparación para el parto con Gaby, fue un curso realmente intensivo y me sentí muy a gusto y tranquila en las clases. Eso sí, iba con mi “equipo” de apoyo: Mi hija, hermana y esposo. Ahora que lo veo en retrospectiva, fue esencial para mi parto el haber tomado el curso, pues en todo momento me sentí tranquila y preparada.

Me hicieron un ultrasonido y en la semana 38, decidimos hacerle una invitación a mi bebé, a ver si decidía conocernos ese día, con un sauna, pues Gaby se iba de vacaciones y nosotros deseábamos dar a luz con ella. El bebé no quiso aceptar la invitación. También vimos en ese ultrasonido que Leonardo no había resuelto la circular de cordón en cuello. Por una parte no nos sorprendió, pero tampoco nos sentimos alarmados. Si hubiéramos estado con el médico anterior, seguramente Leo hubiera nacido por cesárea en esa semana.

Finalmente llegó el día del parto. Gaby había quedado en revisarme el lunes 7 para ver cómo iba. La noche anterior no pude dormir muy bien debido a que sentía un poco de malestar estomacal, yo pensé que había sido la cena, ahora me doy cuenta que había iniciado ya un poco el proceso de parto. Expulsé el tapón mucoso esa mañana.

Fui a la revisión y Gaby vio que iba adelantada. Me comentó que mi bebé probablemente iba a nacer en la madrugada del día siguiente. Me preguntó si quería un sauna de nuevo, lo acepté.

Mi hermana y yo salimos del sauna y emprendimos regreso a casa. Le pedí que me llevara a una tienda para hacer algunas compras navideñas. Llegamos a casa por eso de las 2 de la tarde. Yo había sentido ya algunas contracciones, pero no tan fuertes ni tan frecuentes.

Llegó mi niña de la escuela y poco después, unos minutos antes de las 3pm se me rompió la fuente. Seguí teniendo contracciones y cada vez que las tenía, hice mis ejercicios. Una media hora después que se me rompió la fuente me metí a bañar. Disfruté el baño, hablé con mi bebé, le pedí que bajara bien, que se preparara para conocernos, que estaba emocionada de que ya pronto iba a estar conmigo. Salí de bañarme, seguí con mis “elefantes” (ejercicios) y en 2 de ellos sentí claramente cómo crujió mi cadera y bajó el bebé. Después de estos 2 crujidos comencé bien con el trabajo de parto con contracciones cada 2 o 3 minutos y con duración de 40 segundos. Hablé con Gaby y le comenté cómo iba. Después ella me llamó como a las 5 pm para revisarme y checar el bebé.

Apenas pude comer, esperé a que llegara mi esposo. A eso de las seis de la tarde, mi hija, esposo, hermana y yo emprendimos el camino para ver a Gaby. Llegamos con ella alrededor de las 7pm. Durante el camino tuve contracciones intensas y muy frecuentes, pocas veces me duró la contracción un minuto y las tenía muy seguidas. Me sentía algo nerviosa por el tráfico y porque percibía que todo iba muy rápido. Desde que empecé a sentir la intensidad de las contracciones, respiraba y no me resistía al dolor, me dejaba ir, fluir con él. Creo que eso me ayudó bastante.

Cuando Gaby me revisó, pronosticó que el bebé nacería ahora a media noche, tal vez a las 11 si me relajaba bien. No tengo idea de cuánto llevaba ya de dilatación y borramiento de cuello. Gracias al yoga logré enfocarme en el momento. Nos recomendó que tomara otro baño y fuimos al hotel de enfrente del hospital a tomarlo. Entré en la regadera, cuando tenía las contracciones hice mis ejercicios y al salir tuvimos una sorpresa. Mi marido me preguntaba ¿Tienes ganas de pujar? Yo le contestaba que no, llegó una contracción, me agaché para ayudar al bebé a acomodarse y sentí ganas de hacerlo. Llamamos nuevamente a Gaby y a la tercer ocasión de ganas de pujo, ella estaba de nuevo revisándome. Eran antes de las 8pm y ya nos había dicho que nos íbamos a la tina del hospital.

En el camino me concentré con mis ejercicios para no pujar, la tina ya estaba llena, el equipo medio listo. En cuanto me metí a la tina, la sensación fue increíble. Yo ya no sentía dolor, tampoco las contracciones, sólo tenía ganas de pujar. Esperé a que llegara mi marido a la tina, pues se quedó estacionando el auto. En algunos intentos de pujo llegaron el ginecólogo, camarógrafa. El pediatra ya no alcanzó a llegar, más que para revisar posteriormente al bebo. Me sentí desconcertada pues no sentía siquiera que mi bebé ya había coronado, incluso cuando ya lo vi en un espejo en la tina. Definitivamente el agua caliente tuvo un efecto muy analgésico para mí.

Comencé a pujar cuando tenía la contracción, pero sentía que no tenía un fuerte pujo, pues el bebé se regresaba, así fueron varias veces, ya para las últimos pujos y como no sentía las contracciones, le pedí tanto a mi marido como a Christian que me avisaran cuando se me pusiera la panza dura. Mi hermana y mi hija, bueno, todo mundo me decía que pujara, me animaba. Finalmente decidí pujar con todo, incluso con la cara, finalmente apareció el bebo, con una circular de cordón doble, la resolvió el Dr. Mi hermana cortó el cordón. Me puse más que feliz de ver a Leo llegar este mundo, rodeado de tantas personas que lo quieren. Todo el equipo estaba al pendiente del bebo y de mi, tuve un pequeño desgarre, también por el esfuerzo del pujo, me salieron manchas en la cara. La sangre fue algo escandalosa y salimos de la tina, también para que checaran bien a Leo.

Me tuvieron que poner algunos puntos pero en general puedo decir que la experiencia fue maravillosa, que me sentí feliz después de tanto trabajo, de haber logrado con éxito vivir un parto, que a fin de cuentas fue en agua y que lo recomiendo ampliamente.

El camino fue largo y dificil, pero en verdad satisfactorio. Leo nació bien y perfecto y no hubo necesidad de llevarlo al cunero. Nació el 7 de diciembre a las 8:45, con un peso de 3480 kg y una talla de 51 cm. La diabetes gestacional no tuvo estragos en él. Esta conmigo desde ese momento, nuevamente, gracias a Dios.

Es maravilloso cómo trabaja el cuerpo cuando todo fluye naturalmente, sin medicación. Aún hasta a las 4 de la mañana después que nació me sentía verdaderamente eufórica, más que feliz. Incluso con los puntos. La euforia perduró. No tuve en esta ocasión depresión postparto.

Creo que Dios también sabe el por qué de las cosas y pienso que afortunadamente como familia fuimos a parar con un buen equipo.

Aquí Leo a escasos dos días de haber nacido.

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